domingo, 8 de mayo de 2016

UNA MUJER VALIENTE QUE SE MERECE TODO!


Tenía 18 años cuando decidió que se casaría.

A esa edad en la que ahora los chicos están ansiosos por conocer el mundo, anhelando terminar el bachillerato para sentirse un poco libres y deseosos de hacer los que les venga en gana, ella cosió todos los vestidos de sus ninfas y de todas las mujeres cercanas de la familia que la acompañarían ese día especial de su vida.

También confeccionó su vestido de novia, con la orientación de la señora Rita, la modista con quien aprendió el arte de la costura.

Solo tenía 18 años!

Para esa época había enseñado a leer y escribir al que ya era su esposo,
quien empezó a trabajar cuando tenía 7 años y maduró a la fuerza, presionado por diferentes situaciones que rodearon su entorno familiar y no tuvo la oportunidad de ir a una escuela.

Ella siempre fue buena para las labores del hogar: Lavar, planchar, limpiar, para reparar todo lo que se dañara en su casa… pero mala para la cocina.  Tan mala, que alguna vez endulzó un café con sal, se le quemaba el arroz a diario, olvidaba agregar sal a las comidas, se le secaba la carne guisada… pero el día que se fajaba a preparar un róbalo a la naranja, se sobraba!

Se ha pasado la vida lidiando con la migraña.  No era raro encontrarla acostada y con todos los fogones de la estufa encendidos porque tenía mareo.  En ese momento presionaba el botón de “pausa” a su vida y prácticamente se olvidaba de todo.  Algunas personas que desconocían su padecimiento la criticaban y decían que era “dormilona”.  A ella nunca le importaron esos comentarios y jamás le aclaró a ninguna persona la razón que tenía para irse a la cama en cualquier momento del día.

Tuvo cinco hijos (tres hombres y dos mujeres) a quienes enseñó, junto a su esposo, a creer en Dios, a ser cariñosos, respetuosos, a tomar decisiones y a ser libres.  Siempre respetó las decisiones de cada uno y hasta fue alcahueta en algunos momentos.

Tiene 81 años, todavía mira a sus hijos con ternura, pone la boquita de chupo para darles un beso en la boca y los acaricia con calidez.  Dice que quiere a todos sus hijos por igual, pero se le van los ojos  por uno de ellos… y se sonríe maliciosa cuando la presionan para que diga el nombre de su consentido.

Siempre cuidó a sus hijos con sabiduría y fue una mujer que decidió servir a Dios y a los demás (catequizaba y visitaba a los enfermos), pero la vida le puso un freno: Se sumió en una profunda depresión después de perder a su compañero de vida y ahora su mente divaga entre recuerdos, imaginación, realidad y un increíble sentido del humor (que sigue intacto).  Sus momentos de lucidez son pocos, pero increíbles, y sus hijos los disfrutan al máximo. Ahora ella es la niña de la casa.  Ahora la vida de sus hijos gira en torno al cuidado de ella.  Ella es la prioridad.  No solo porque deben honrarla porque es su madre, sino porque se lo merece.

Esa mujer es mi mamá!

Los gordis, el 31 de mayo de 1953, cuando dijeron ante Dios, que se cuidarían hasta que la muerte los separara.  De izquierda a derecha Eucaris González (prima de mi mamá), mi mamá, mi papá, mi tía Miriam (única hermana de mi mamá).  Abajo: Edith González y Pachito González, primos de mi mamá.  A pesar de sus lagunas mentales, mi mamá recuerda y reconoce a cada uno todavía.