sábado, 7 de noviembre de 2015

PAQUITOS MENTALES... POR CULPA DE LAS TIC

Este meme me lo robé de Facebook y no sé quién es el autor, pero con permisito.

Tenemos que adaptarnos a las nuevas formas de comunicación, sin que eso signifique la pérdida de las normas generales de educación (saludar, despedirse, utilizar el vocabulario adecuado a las circunstancias, por ejemplo)  y el respeto por el tiempo de los demás, aunque estemos utilizando las redes sociales

Me sorprende cómo, a pesar del tiempo ya larguito que tienen las redes sociales en uso, mucha gente siga armándose unas extrañas películas en su cabeza y hasta lleguen al extremo de pelearse con familiares o amigos, solo por un emoticón o una frase malinterpretada.

No es lo mismo escuchar la voz que leer un texto, porque el tono de la voz cambia por completo una frase que, escrita, pudiera “sentirse” fría, seca o hiriente.  Además de las palabras que puedan interpretarse de forma errónea, está el tema de la visualización de los mensajes y el tiempo de respuesta.  Y voy con un ejemplo:

Voy manejando y empiezo a escuchar notificaciones en mi celular. Las distingo con solo escucharlas porque les tengo sonidos diferentes, dependiendo de cada aplicación, y además, sé cuando me llama una persona en especial porque les asigno ring tones a algunos contactos.  Eso me ayuda a evitar la tentación de correr a revisar el celular para saber quién está llamando o escribiendo.

Pero bueno, no falta el momento en el que al parar en un semáforo, miro el celular y logro abrir WhatsApp, por ejemplo.  Y ahí viene el lío.  Abro la aplicación y alcanzo a ver el nombre de quien envió el mensaje, pero no lo leo, porque no me da tiempo de hacerlo.  Sin embargo, la aplicación le notifica al remitente que yo “leí” el mensaje, cuando realmente solo abrí. 

El semáforo cambia a verde y sigo manejando, llego a mi primer destino: Un banco.  No puedo usar celular, colas largas, atención lenta, pasa una hora y más, salgo corriendo, me encuentro con un tráfico pesado y llego a mi segundo destino: Una reunión en la que piden “encarecidamente” que dejemos los celulares a un lado y  nos concentremos.  Listo, el celular se queda en el bolso hasta nueva orden, que puede ser una hora o más.

Llega el medio día y aterrizo en casa de mi tía a almorzar, me pongo a conversar con ella, y como si nosotras fuéramos dispositivos android, empezamos a “actualizarnos” sobre los últimos acontecimientos familiares.  Y el celular en el bolso.  Almuerzo, decido revisar mensajes de WhatsApp y encuentro algunos como estos:

1.   “Mabeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel, contestaaaaaaaaaaaaa por favor, es URGENTE”
2.   “Oye, ¿por qué no me quieres hablar?  Ya sé que leíste mi mensaje? ¿Estás molesta?
3.   “Ajá y con quién hablas que no me puedes dedicar dos minutos siquiera para saludar?”
4.   “Y qué, tan ocupada que ni para decir “hola”?

La verdad, me provoca tenerlos enfrente y echarles tres vainazos, especialmente a quien escribió que era “urgente”.  Si hubiera sido urgente, segurito que me hubiera marcado al celular y no estaría insistiendo por una aplicación que fácilmente puede quedar fuera de servicio si hay mala señal o se agotan los datos.

He faltado a esto una que otra vez, pero por lo general no reviso el celular mientras manejo.  Es peligroso.  En ocasiones uso el manos libres para atender llamadas, pero para mí no resulta totalmente cómodo ni seguro.

Cuando estoy atendiendo a una persona, por trabajo o por encuentro social, tampoco acostumbro tener el celular al lado todo el tiempo.  Es que el “face to face” es más importante que las redes sociales.

No sé a ustedes, pero a mí me gusta desayunar, almorzar, cenar, tomarme un café y disfrutar ese momento.  El celular es un enemigo de los momentos importantes de la vida (no siempre, estoy exagerando)


Así que vamos a bajarle la presión al cuento.  Vamos a darle a cada uno su tiempo. Vamos a valorar cada situación en su justa medida y dejemos de armar paquitos mentales, porque lo único que quedan son sinsabores. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

ABRAZO DE OSO PARA MIS AMIGOS

La vida es más linda cuando nos rodeamos de buenos amigos. Girl Scouts: Eliana, Claudia, Mónica, Viany y yo.  Foto: Jorge Chávez

Nos abrazamos como si tuviéramos años de no vernos.

La gente nos miró de manera extraña, porque no fue un abrazo de los que llaman normal.  Fue  un abrazo de oso. Para mí, el abrazo de oso es envolvente, tierno, cargado de sentimientos y un poco largo.

Mi amigo me besó en la frente - que por cierto, me parece de los besos más hermosos que puede darse entre amigos-  pasó su brazo por mi hombro y caminamos uno al lado del otro. Sentí las miradas y descubrí entre el público a una persona conocida que me sonrió con malicia. Saludé y pensé: “Ya se está imaginando lo que no debe”.  En fin, creo que es tema trillado eso de que es difícil que el común de la gente vea a un hombre y una mujer y no se imagine toda una película de romance y otras cosas.

Soy muy expresiva con mis amigas y amigos.  Crecí en una familia en la que las manifestaciones de cariño son importantes: Besos, abrazos, pechiches, detalles.  De niña recuerdo que nunca me importó que mi papá llegara sudado de la finca y me besara y abrazara.  Tampoco me importaba, en la adolescencia, que mi novio me besara sudado y medio sucio después de jugar fútbol o que mi mamá me abrazara con aroma a pollo mientras cocinaba.  Y que conste que desde pequeñita tengo casi una adicción por los perfumes y me encanta oler delicioso.

Siento que es importante decir te quiero y demostrarlo.  Eso alimenta el alma, recarga energías, alegra la vida, emociona, origina sonrisas y buenos pensamientos. Decir te quiero es bueno para quien lo dice y para quien lo escucha.  Decir te quiero es música para los oídos.  Decir te quiero, cuando sale de lo más profundo del corazón, es lo más gratificante para un ser humano.  
Y bueno, por supuesto, demostrarlo es mucho mejor aún.  Y eso no cuesta absolutamente nada, porque no es precisamente con obsequios que se puede hacer.  Se puede demostrar con un gesto, una caricia, una atención, una llamada, un papelito, un mensaje de texto, un apretón de manos, un abrazo.

Este post tiene un solo propósito: Invitarlos a decir te quiero, a abrazar con amor, a ser más expresivos de lo que acostumbran, a valorar a los amigos – a los de verdad -, a hacer la diferencia en una relación de amistad, a olvidarse de los prejuicios, a ser honestos… y a reconocer que la amistad es un regalo que viene envuelto, con moño y tarjetica permanente… si así lo queremos.


Conocidos tenemos muchos a lo largo de la vida.  Amigos, pocos. Cuidémoslos.  Seamos buenos amigos, amigos verdaderos.

viernes, 3 de julio de 2015

CAMBIA EL HÁBITO: CAMBIA LA BOLSA

Tomado del timeline de https://www.facebook.com/LaBioguia?fref=photo


La verdad es que muchos no tenemos la más remota idea del daño que hacemos a la naturaleza cuando nos aferramos al uso de muchas cosas que tenemos alrededor. Es el caso de las bolsas plásticas.
 
En el supermercado he visto clientes, hombres y mujeres, que casi quieren que les empaquen un producto en cada bolsa.

Hace algunos años experimenté el uso de bolsas de lona y no me fue tan mal.  El problema es que a veces cuando tomaba la decisión de volver al supermercado, no tenía la bolsa de lona en el carro y terminaba empacando en las bolsas plásticas del súper, si el producto lo ameritaba (como carnes o frutas)

Me agrada ver que la mayoría de supermercados tienen en los estantes cerca a las cajas registradoras, algunas bolsas reutilizables, fuertes y hasta atractivas, para que los clientes las compren y empaquen en ellas.

Un día compré una, que por cierto me ha salido buenísima, y una señora me dijo: “¿Y para qué compra esa bolsa? Para hacerle publicidad a esta gente?” Y le dije: “Bueno, si es por eso, no usamos ni las plásticas, que tienen el logo más grande. La verdad, lo estoy haciendo para retomar una costumbre que había perdido de disminuir el uso de bolsas plásticas”.  A la señora no le importó ni cinco mi comentario.  Pagó medio malencarada y le dijo al chico que le pusiera doble bolsa a todo, que esas bolsas que usaban eran malas y se le podían romper.

Reconozco que no he retomado por completo el tema de la bolsa de lona. Solo cuando voy a los almacenes en los que venden productos en grandes empaques y no entregan bolsa de ninguna clase. Pero nunca es tarde, especialmente si se trata de contribuir a mejorar nuestro entorno.

El uso de la bolsa plástica de supermercados y almacenes de cadena no es tan fácil de acabar, porque hay productos que se protegen mejor en ellas: Congelados, carnes, frutas y algunos refrigerados que pueden dañar el resto de productos que llevemos.  Pero podemos empezar por disminuir su uso y si no quiere comprar una de esas bolsas grandes y llamativas que venden en el supermercado, para no hacer publicidad gratis, le aseguro que en el comercio encontrará muchas genéricas, igual de fuertes.

Yo utilizo bolsas plásticas totalmente transparentes para empacar zapatos y productos que pueden derramarse cuando salgo de viaje, pero las reutilizo.  Y si por alguna razón se deterioran, las uso para desperdicios de comida que no se pueden ir abiertos a la basura.

Las cifras del daño que hacemos asustan y no podemos hacernos los de la vista gorda con el tema.  En este planeta vivimos. Es nuestro deber cuidarlo y enseñar a los más jóvenes a hacerlo.

Ahí les dejo la inquietud.

Estos son enlaces de cuatro sitios en la web en los que pueden leer sobre lo que le pasa al planeta por el uso descontrolado de bolsas plásticas:

miércoles, 10 de junio de 2015

PA´L "CUENTO"... NO HAY HORARIO, NI FECHA EN EL CALENDARIO

Busqué un lugar cómodo en el que pudiera hacer unas anotaciones en mi agenda.  De pronto me empezó a llamar la atención una conversación en la que discutían el uso del término “lideresa” y levanté la mirada con disimulo.  Eran cuatro señores, el menor podría tener unos 75 años. 

La conversación solo era interrumpida por el paso de alguna chica, que lograba distraerlos por completo.

Intenté que ellos no me distrajeran a mí, porque de verdad necesitaba revisar mi agenda y ser cuidadosa en cumplirla o el día no me rendiría.
Con el rabito del ojo lograba percibir los movimientos de ellos (solo veía bien sus piernas y las sillas giratorias en las que estaban sentados).

De pronto escuché una voz femenina y levanté por completo mi cabeza.  Era una chica bastante joven que se ve que los conoce muy bien y se unió a la discusión del uso de lideresa. Solo uno de ellos decía que la palabra sí existía.  Otro aseguró que no y los otros dos (los mayores) andaban en otro cuento porque no volvieron a referirse al tema.

Me di cuenta que la chica los conocía porque les habló con confianza, no recuerdo si los saludó de beso, y porque además ella no logró distraerlos por completo, a pesar de su juventud y belleza.

Volví a mi agenda, llamé a mi hermano Luis para confirmar algo que teníamos pendiente y mientras conversaba con él, observé que uno de los dos que andaba en otro cuento, quien se había alejado del grupo, regresaba a la mesa con una sonrisota y carita de picardía.  Alcancé a oír cuando dijo: “Ya vieron a la chica que está en Dunkin Donuts?”.  Todos respondieron que no. “Uy está bien bonita, dijo”.

Me causó mucha gracia la escena.  Es que su expresión fue como la de un pelao de 18 años.  Y me dije: “Ajá y por qué no? Tiene derecho a emocionarse”.

Les juro que intentaba concentrarme en la agenda, cuando de pronto veo al mayor de todos hacer un giro de 360 grados sobre la silla en la que estaba sentado. Entonces me di cuenta que él no estaba ahí para conversar con sus amigos, él estaba ahí para recrear su vista! Una cosa es lo que les pueda describir y otra observar la expresión de su rostro cada vez que aparecía una mujer joven en la pasarela de ese centro comercial.
El señor ignoraba por completo todo comentario de sus amigos, quienes ya estaban hablando de política, y hacía su giro sobre la silla, se le iluminaba el rostro y desplegaba una enorme sonrisa en sus labios al paso de la modelo de turno. Cómo disfrutaba esos segundos!

Sonreí y tomé una foto de las piernas del grupo sin que se dieran cuenta.

Terminé de hacer mis apuntes, revisé un correo electrónico en el celular y me olvidé de la posibilidad de avanzar algo en la lectura de mi libro de metodología de la investigación, que ahora vive conmigo todo el tiempo.

Recogí todo de la mesa, me levanté y solo avancé dos pasos cuando el señor mayor se dirigió a mí como si fuera mi amigo.  Se dio este diálogo:
-      Ah, pero te vas!
-      Sí, señor, ya me debo ir.
-      Ay qué pesar! Tú eres paisana mía? (Había olvidado contar que este señor tiene la nariz como la de mi papá y un poquitín de ojeras… o sea, cara de turco, como decimos popularmente)
-      Quién sabe si seremos paisanos, nuestras narices se parecen.
-      De dónde es tu familia?
-      Mi papá de Ciénaga y mi mamá de aquí de Barranquilla.
-      Tu y yo parecemos familia.
Sonreí y me despedí de todos.  El señor me detuvo por la muñeca y me preguntó:
-      Qué haces, cómo te llamas?
-      Mabel Rada, soy comunicadora social.
-      Aaahhhhh, periodista! Qué pesar que te tengas que ir!
-      Así es y con permiso me retiro. Que tengan un lindo día y se diviertan.

No tengo duda de que ya se estaban divirtiendo. Yo también me divertí con la escena y me hubiera quedado allí, de no ser porque a la mesa de al lado llegó uno, también mayorcito, pero no tanto como los otros, dijo buenos días y fue tirando lance de una!


Ahí si dije: “No señor, ésta se va de aquí ya!”
No sé quienes son los señores, por eso no publico sus rostros.  Espero no meterme en un lío (ji).  De los cuatro, dos eran delgados y tres tenían pintas de pelao: Camisetas juveniles, zapatos modernos, jean o pantalón de drill y bieeeeen perfumados! En todo caso, eran respetuosos.

sábado, 6 de junio de 2015

¡VIERNES PARA RECORDAR!

Con este tema de Ray Barreto, recordaremos siempre a Jairo Paba 

“Atenta, en veinte segundos vamos al aire”.
“Cortinilla de entrada! Cinco segundos! 3, 2, 1, al aire!”

En ese momento entramos al aire con una presentadora cuajada de la risa.
Seguro que los detalles no son precisos, porque eso ocurrió por allá en los años 90, cuando trabajé como Jefe de Redacción en el Noticiero Cosmovisión, en Telecaribe.  La presentadora era Sandra Gómez, una linda chica que había aspirado a un título de belleza por el Atlántico.

Los televidentes alcanzaron a ver a Sandra riéndose y sin poder controlarlo. Inmediatamente pasamos a Ventura Díaz Mejía, su compañero en el set, para que leyera el “inn” de la noticia con la que empezábamos ese bloque.

Sandra tardó en tomar control de la situación y cuando volvió a salir al aire, aún se notaba un poco apenada.  No faltó quien la criticara por lo que pasó, pero la verdad es que no fue fácil para ella.

Pero y qué fue lo que ocurrió?

El área comercial del noticiero había autorizado la emisión de un comercial de la famosa harina masapán, que sonaba muchísimo en la radio barranquillera, con un jingle  cantado por el reconocido locutor de radio Jairo Paba Salcedo.

Sé que los barranquilleros recuerdan perfectamente ese jingle. Decía al principio: “Carlina, cocina, con masapan…” y luego mencionaba otros nombres.  Al final terminaba diciendo “pan, pan, pan, pan pan!”.

No sabíamos que a la presentadora le causaba mucha gracia ese comercial radial, que cuando hicieron la versión para televisión no le modificaron el audio, sino que sencillamente le montaron unas imágenes.  Era el último de lo que en esa época llamábamos la torta de comerciales, es decir, el bloque de comerciales.

Los presentadores monitorean lo que se está emitiendo, justo antes de entrar nuevamente al aire después de algún corte. Ella vio el comercial, empezó a reír y no tuvo tiempo de respirar y concentrarse, cuando ya el camarógrafo le estaba diciendo:  ¡Al aire!

Por supuesto, enseguida se tomaron medidas.  Pedimos a Telecaribe que cambiara el orden del bloque de comerciales y que ese fuera el primero, para que en caso de que Sandra lo viera, tuviera tiempo de controlar su risa.  Tratábamos, además, que no viera el monitor o escuchara a Jairo Paba.


Bueno y por aquí pasé yo, como estamos todos hoy, recordando alguna anécdota con el querido Jairo Paba, quien se fue precisamente un viernes, para que no lo olvidemos.