domingo, 5 de octubre de 2014

Lo que nos cuesta la violencia

Violencia y competitividad

¿Qué tiene que ver el fenómeno de la violencia con el nivel de producción de bienes y servicios de un país para satisfacer los  mercados internacionales? Todo.

Y es así de sencillo: En una ciudad donde hay inseguridad la gente se encierra en sus casas y baja el consumo. No se compran vehículos por temor al robo, prefieren quedarse en casa antes de exponerse al peligro y disminuyen las salidas a centros comerciales y restaurantes.

Recuerdo cuando en la casa de mis padres no teníamos reja. Eran otros tiempos, no había tanta inseguridad y solo nos teníamos que aguantar a los flojos e imprudentes que para “cortar camino” prácticamente nos pisaban los pies cuando estábamos sentados en la terraza (casa de esquina). Ahora tenemos una “cárcel propia”, que no es garantía de seguridad, pero logra que tengamos esa sensación.

Pues bien, esos índices de inseguridad ocasionados por la delincuencia y la violencia, son tenidos en cuenta para calificar o medir la competitividad de un territorio.

América Latina
Joven guatemalteco. Fotografía tomada de www.eltiempo.com

Según estadísticas del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), presentadas en el Foro Internacional de Seguridad Ciudadana 2014 en Barranquilla, Colombia, más de 15% del Producto Interno Bruto (PIB) de una nación se puede afectar por la violencia.

“Los países tienen que destinar muchos recursos a todos los problemas de salud producto de la violencia”, dice el epidemiólogo e investigador del Banco Mundial Andrés Villaveces y cita el caso de Brasil: “Lo que invierte en vacunación, se acaba en recursos de salud destinados a atender la violencia”.  Eso se relaciona con la competitividad.

Estados Unidos, Australia y Gran Bretaña han hecho estudios sobre los costos directos de lo que el sistema de salud invierte en un sobreviviente de la violencia. En Estados Unidos son billones de dólares. Pero hay unos costos, los indirectos, que son muy difíciles de calcular.  En esta categoría entran: pérdida de oportunidad laboral, rehabilitación (que en muchos casos es asumida por la familia), abandono de las escuelas y la pérdida de ingresos, entre otros.

En América Latina, son los jóvenes y las mujeres, los grupos sociales más afectados por la violencia.  De hecho, esta región registra la tasa de criminalidad juvenil más alta a nivel mundial.

Hay que agarrar al toro por los cachos

Estudios indican que los hijos de mujeres víctimas de violencia nacen con bajo peso y requieren de mayor atención en salud, los jóvenes que van a las cárceles por participar en actos delictivos dejan de estudiar y hay menos gente educada, los inmuebles ubicados en zonas inseguras pierden su valor, los inversionistas le huyen a ciudades con altos niveles de delincuencia y se pierden grandes oportunidades de negocios.

Por el bienestar de la población en general es necesario trabajar en prevención y es importante que se compartan experiencias. Así lo están haciendo los gobiernos de ciudades como Boston (USA) y Bogotá (Colombia).

La Comisionada de Salud de Boston, Bárbara Ferrer dice que la prevención de la violencia y el crimen no es cuestión de un programa o enfoque específico. Sin embargo, es necesario identificar las causas, las zonas de alta vulnerabilidad social y diseñar políticas muy específicas. Lo importante, asegura, es que “todos participemos en forjar oportunidades que promuevan el bienestar y la cultura de paz”.

De lo que vivimos a diario, sin ser expertos y sin hacer muchos estudios, tenemos claro que los gobiernos le restarían mucho terreno a la violencia si la educación, el empleo, el deporte y la cultura dejan de ser programas de papel y se ejecutan. De paso tendríamos poblaciones con mejor calidad de vida y países más atractivos para inversionistas.


Consultas

2.       Conferencias sobre desarrollo y competitividad en América Latina y el Caribe colombiano del Foro Internacional de Seguridad Ciudadana. Barranquilla, septiembre 26 de 2014.

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