lunes, 7 de marzo de 2016

El ladrón novato. De la que me salvé!

A veces llego a una esquina y en fracciones de segundos tengo más de diez motos alrededor. Y la verdad, vivo atemorizada.

Desde la calle 61 con carrera 24, mientras esperaba que el semáforo cambiara a verde, me di cuenta que me esperaba un trancón de vehículos que empezaba en la carrera 21. Pero ni modo, no tenía opción, pues no podía hacer ningún cruce a la izquierda. Eso fue en el año 2011 y ya los trancones eran mal diario en Barranquilla.

Eran la 7:15 pm, camino a casa, súper cansada y con la mente en dos correos electrónicos que debía enviar apenas pudiera encender el portátil.  De pronto tuve esa sensación que alguna vez todos hemos experimentado de que nos están mirando. Con el rabito del ojo  me doy cuenta que tengo una moto muy pegada a la puerta del carro.  Los vehículos avanzaban muy lentos en dirección norte – sur por el trancón, pero en sentido contrario no había trancón.  Es en ese momento en el que empiezo a maliciar sobre la razón de la cercanía del motorizado, pues a la mayoría de ellos no le importa avanzar en contravía.

Sigo avanzando lentamente pero pudo más la curiosidad y decidí voltear hacia la izquierda.  El tipo me hace una seña con la mano derecha y este es el breve “diálogo” que sostuvimos:

-        -  Dame el celular (fuerte, pero sin gritar)
Me hago la que no escucho, frunzo el ceño como extrañada y la verdad como que me parecía mentira lo que acababa de escuchar.
Vuelvo a mirar hacia la ventana y entonces él me grita:
-         .  ¡Que me des el celular!
-          Poniendo mi dedo índice de la mano izquierda en la oreja le digo, gritado: “No te escucho”
-          Y él con cara de rabia me hace seña con su mano derecha y grita: “Baja el vidrio!”
-          . “¡Ni de vainas!” Le grité.

Fin del “diálogo”.  Acto seguido, el tipo grita algo (no entendí), acelera con fuerza, tropieza el retrovisor izquierdo del carro, lo dobla y se pierde en sentido norte al llegar a la carrera 21. Cuando llegué a la 21 para hacer “la escuadra” me detuve lo necesario para asegurarme que el ladrón no estuviera esperando en esa esquina a ver qué rumbo tomaba.  No lo vi, pero con gran temor seguí mi camino a casa, rogando que no apareciera nuevamente.

Cuando llegué a casa le conté a mi hermano Gerardo y me dijo: “Te lo he dicho, tienes que tener cuidado”. Y le dije: “Ajá y entonces qué quieres que haga? Que no trabaje, que no salga? Además es temprano”.

Y me dice con tono de preocupación: “Y la próxima vez entrega el celular”.

Solo atiné a decirle, en tono de vacilón: “Si le hubiera entregado el celular sí que hubiera cogido rabia ese tipo, porque mira el “sisberry” que tengo” (no era el Nokia de foquito, pero casi).  Era la época del famoso Blackberry y yo andaba haciéndole la guerra a ese aparatico, porque me desesperaba la imprudencia de la gente que no respetaba ningún horario para enviar un “pin”. Recuerdo que en la sala de juntas de la empresa en la que trabajaba, yo era la única que no tenía smartphone y una compañera me criticaba y decía: “No te da pena que siendo jefe, tengas ese aparatico feo?”  Siempre obtenía la misma respuesta: “Lo importante es que me localicen y siempre respondo las llamadas.  A ti nunca te encontramos”.

Al final de la noche concluí que el ladrón era novato, lo estaban probando o ese era su acto de inicio, por detalles como estos: No tenía parrillero, no mostró ningún arma, fue bastante inseguro al inicio y gracias a Dios no fue insistente.

Aclaro algo: No acostumbro usar el celular cuando manejo y el aparatico no iba a la vista, pero para mí que los ladrones suponen que todo el que anda en carro lleva celular y de alta gama.

Después de ese mal rato, dejé de tomar esa ruta por muchos meses, pero desde entonces vivo con la zozobra cada vez que se acerca una moto a mi carro.  No creo que haya tantos novatos por ahí.

sábado, 5 de marzo de 2016

Estadísticas versus realidad. A propósito de la inseguridad en Barranquilla

Las estadísticas no siempre muestran la realidad.  Ilustración tomada del buscador de Yahoo.

A raíz de la nota sobre la inseguridad en Barranquilla que publiqué ayer en mi blog, un amigo me escribió lo siguiente:
Mabel, ¿Por qué no presentas estadísticas? No es bueno arriesgarse a decir que la ciudad es insegura sin cifras
Le respondí:
¿Importan las estadísticas? Es más, ¿Crees en las estadísticas?
Él me dijo: “Bueno, no siempre, pero algo de verdad hay en ellas

Y aquí voy con lo que pienso.

A lo mejor hay algo de verdad en las estadísticas, pero honestamente, creo poco en ellas. Y no creo en ellas porque no me dé la gana. Es porque está más que demostrado que se pueden acomodar a favor de o en contra de.

A la larga lo importante no son las estadísticas sino lo que a raíz de ellas se haga, las decisiones que se tomen.  Las estadísticas nos pueden mostrar cómo evoluciona un problema social, si disminuye o empeora y con base en esos datos las autoridades deciden qué van a hacer para atacar el problema.

Las autoridades publican estadísticas anuales, semestrales o mensuales de un problema social (violencia intrafamiliar, feminicidios, asaltos…). Normalmente comparan un período de tiempo con el del año anterior o años anteriores para determinar si el problema disminuyó o no.   Confiamos en que la muestra utilizada es real y los numeritos no mienten, pero hay un problema.  Y si las estadísticas no son reales?  Qué pasa si la disminución del problema no es verdad?

Pero bueno, vamos a creer.  Vamos a pensar que todo fue hecho con seriedad y responsabilidad.  Que las muestras son representativas y que el análisis es totalmente cierto.  Perfecto.  Pero pregunto: ¿Qué le decimos al ciudadano que mientras revelan el último análisis que muestra disminución de hechos criminales, es asaltado en una calle concurrida?  Al chico que le sacaron el celular de su bolsillo? A la chica a la que le pusieron un cuchillo en la cintura y la obligaron a entregar su bolso en silencio mientras se transportaba en un bus urbano?

Aquí aparece otro aspecto del tema. ¿Qué pasa con los asaltos y los intentos de asalto que la gente no reporta? A una amiga le sacaron el celular en un bus de Transmetro y ella lo que hizo fue llorar y prestar dinero para comprar otro. No denunció el hecho.  Al hijo de mi prima intentaron quitarle el celular a dos cuadras de su casa.  Se defendió y corrió.  Tampoco denunció. Cuando a mi sobrina la atracaron tampoco denunció.  Y la gente no denuncia porque siente que es perder el tiempo pues no van a recuperar lo perdido y menos la tranquilidad.  Bueno, solo serviría para aportar a las estadísticas.

Y finalmente, con una sola persona que se asuste y pierda la tranquilidad, con una sola familia que ya no se quiera sentar en la puerta de su casa por temor a pasar un mal rato, con una sola persona que pierda la vida al tratar de defenderse de maleantes, las estadísticas quedan sin piso.  Y si no creen que es así, preguntémosle a los familiares del chico que mataron por el parque del barrio Olaya hace unos meses si les importa en cuántos puntos con relación al año anterior, disminuyó el índice de criminalidad en Barranquilla.


Ah y casi se me queda esto en el tintero: Apuesto que quienes consideran que la ciudad no es tan insegura aún no han pasado su susto, viven en zonas muy vigiladas, no caminan o sencillamente tienen guardaespaldas.  Aprendamos a ponernos en los zapatos del otro. 

viernes, 4 de marzo de 2016

La intranquilidad por la inseguridad en Barranquilla

Si no nos ponemos las pilas, aumentarán los problemas de inseguridad en Barranquilla.  No ganamos nada haciéndonos los de la vista gorda.


Esto ocurre en Barranquilla, Capital de Vida:

  • ·         Hace dos semanas robaron los computadores de un colegio cerca a mi casa (en horas de la noche).
  • ·         A mi sobrina Melissa ya la han atracado más de tres veces cerca a la casa, en un barrio del que nos jactábamos era muy tranquilo. 
  • ·         Mataron a un vigilante en la Olímpica de la calle 72 con carrera 61, para robar dinero de un cajero.
  • ·         En el almacén Éxito de la calle 90 obligaron a un señor a sacar dinero de su cuenta y retuvieron a su esposa en el carro, en el parqueadero del mismo supermercado. 
  • ·         En SAO del centro comercial Portal del Prado le quitaron la billetera a una señora en los últimos pasillos (los menos concurridos).
  • ·         Hace unos días se metieron los ladrones al apartamento de una amiga, por la ventana de la cocina.  Ella vive en segundo piso y en un conjunto residencial. Menos mal que ella y su esposo no se despertaron, pero se llevaron documentos y computadores.
  • ·         A una compañera de colegio le arrancaron el bolso de las manos cuando llegaba a casa de una amiga.  A otra le quitaron el celular y el monedero cerca a su casa en el barrio El Silencio y la alcanzaron a “puyar” (gracias a Dios no la hirieron).

Pero fíjense, Barranquilla (Capital de Vida) es una ciudad tranquila, aquí pasan cosas buenas, la ciudad florece, crece el comercio, aumenta la construcción, las ventas se disparan durante los fines de semana, hay más hoteles para recibir a nacionales y extranjeros. No estoy al día con las frases lindas con las que se “vende” la ciudad actualmente. Me sé más las de la administración distrital anterior… pero bueno, es lo mismo.

Sigamos engañándonos.  Sigamos maquillando la ciudad.  Sigamos vendiendo una imagen de oasis y que somos “el mejor vividero del mundo” (porque es que si no lo hacemos, no nos llega inversión extranjera). Sigamos repitiendo eso como loros y mantengámonos distraídos con el Carnaval, el conciertico, la inauguración de cualquier vaina, las ofertas de supermercados, el escándalo de la Policía Nacional, las maricadas de las redes sociales y las celebraciones públicas de todo tipo.

Mientras tanto, párele bolas a esto:
  • ·         Cuídese a la salida del centro comercial Panorama de la calle 30, especialmente si va a esperar un taxi y es día de quincena. De los avivatos que se le acercan en la plaza de comidas en el centro comercial Buena Vista, de los ladrones que atracan dentro de Sao del centro comercial Portal del Prado.
  • ·         Si conduce un vehículo, ruegue que no le toque hacer una parada muy larga en un semáforo porque aparecen los atracadores en moto.
  • ·         No se le ocurra salir a caminar de madrugada. Tampoco lo haga de noche.  Para qué tener buena salud si lo que puede perder es la vida?
  • ·         Si va a un centro comercial lleve un bolso “manos libres” y agárrelo bien o guarde el dinero en el brasiere (si es mujer), al estilo de las abuelas.
  • ·         No lleve celular de alta gama y si es necesario que mantenga comunicación con alguien, compre un “sisberry” para cuando esté en la calle (olvídese del estrato, de la apariencia personal, del qué dirán y de esos comportamientos “pupis”)
  • ·         Jamás baje los vidrios de su carro aunque no tenga aire acondicionado (ni siquiera a medio día). Mejor achichárrese y que se le suba un poco la presión, pero llegue sano y salvo a su destino.
  • ·         Trate de caminar acompañado a la parada del bus o a la tienda de su barrio.  Acompañado se pasa mejor el susto.

Esa es nuestra triste realidad. Y no se soluciona con más policías, ejército en las calles, rejas en las casas o no saliendo (porque entre otras cosas a los dueños de centros comerciales y supermercados no les conviene que dejemos de ir a comprar… y uno necesita “distraerse”). 


Esto ya está más que cacareado. Mientras no se ataque el origen de los problemas nada cambiará. La solución es buena educación (no solo infraestructura… el cemento no educa) y oportunidades de empleo estable.

sábado, 7 de noviembre de 2015

PAQUITOS MENTALES... POR CULPA DE LAS TIC

Este meme me lo robé de Facebook y no sé quién es el autor, pero con permisito.

Tenemos que adaptarnos a las nuevas formas de comunicación, sin que eso signifique la pérdida de las normas generales de educación (saludar, despedirse, utilizar el vocabulario adecuado a las circunstancias, por ejemplo)  y el respeto por el tiempo de los demás, aunque estemos utilizando las redes sociales

Me sorprende cómo, a pesar del tiempo ya larguito que tienen las redes sociales en uso, mucha gente siga armándose unas extrañas películas en su cabeza y hasta lleguen al extremo de pelearse con familiares o amigos, solo por un emoticón o una frase malinterpretada.

No es lo mismo escuchar la voz que leer un texto, porque el tono de la voz cambia por completo una frase que, escrita, pudiera “sentirse” fría, seca o hiriente.  Además de las palabras que puedan interpretarse de forma errónea, está el tema de la visualización de los mensajes y el tiempo de respuesta.  Y voy con un ejemplo:

Voy manejando y empiezo a escuchar notificaciones en mi celular. Las distingo con solo escucharlas porque les tengo sonidos diferentes, dependiendo de cada aplicación, y además, sé cuando me llama una persona en especial porque les asigno ring tones a algunos contactos.  Eso me ayuda a evitar la tentación de correr a revisar el celular para saber quién está llamando o escribiendo.

Pero bueno, no falta el momento en el que al parar en un semáforo, miro el celular y logro abrir WhatsApp, por ejemplo.  Y ahí viene el lío.  Abro la aplicación y alcanzo a ver el nombre de quien envió el mensaje, pero no lo leo, porque no me da tiempo de hacerlo.  Sin embargo, la aplicación le notifica al remitente que yo “leí” el mensaje, cuando realmente solo abrí. 

El semáforo cambia a verde y sigo manejando, llego a mi primer destino: Un banco.  No puedo usar celular, colas largas, atención lenta, pasa una hora y más, salgo corriendo, me encuentro con un tráfico pesado y llego a mi segundo destino: Una reunión en la que piden “encarecidamente” que dejemos los celulares a un lado y  nos concentremos.  Listo, el celular se queda en el bolso hasta nueva orden, que puede ser una hora o más.

Llega el medio día y aterrizo en casa de mi tía a almorzar, me pongo a conversar con ella, y como si nosotras fuéramos dispositivos android, empezamos a “actualizarnos” sobre los últimos acontecimientos familiares.  Y el celular en el bolso.  Almuerzo, decido revisar mensajes de WhatsApp y encuentro algunos como estos:

1.   “Mabeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeel, contestaaaaaaaaaaaaa por favor, es URGENTE”
2.   “Oye, ¿por qué no me quieres hablar?  Ya sé que leíste mi mensaje? ¿Estás molesta?
3.   “Ajá y con quién hablas que no me puedes dedicar dos minutos siquiera para saludar?”
4.   “Y qué, tan ocupada que ni para decir “hola”?

La verdad, me provoca tenerlos enfrente y echarles tres vainazos, especialmente a quien escribió que era “urgente”.  Si hubiera sido urgente, segurito que me hubiera marcado al celular y no estaría insistiendo por una aplicación que fácilmente puede quedar fuera de servicio si hay mala señal o se agotan los datos.

He faltado a esto una que otra vez, pero por lo general no reviso el celular mientras manejo.  Es peligroso.  En ocasiones uso el manos libres para atender llamadas, pero para mí no resulta totalmente cómodo ni seguro.

Cuando estoy atendiendo a una persona, por trabajo o por encuentro social, tampoco acostumbro tener el celular al lado todo el tiempo.  Es que el “face to face” es más importante que las redes sociales.

No sé a ustedes, pero a mí me gusta desayunar, almorzar, cenar, tomarme un café y disfrutar ese momento.  El celular es un enemigo de los momentos importantes de la vida (no siempre, estoy exagerando)


Así que vamos a bajarle la presión al cuento.  Vamos a darle a cada uno su tiempo. Vamos a valorar cada situación en su justa medida y dejemos de armar paquitos mentales, porque lo único que quedan son sinsabores. 

jueves, 10 de septiembre de 2015

ABRAZO DE OSO PARA MIS AMIGOS

La vida es más linda cuando nos rodeamos de buenos amigos. Girl Scouts: Eliana, Claudia, Mónica, Viany y yo.  Foto: Jorge Chávez

Nos abrazamos como si tuviéramos años de no vernos.

La gente nos miró de manera extraña, porque no fue un abrazo de los que llaman normal.  Fue  un abrazo de oso. Para mí, el abrazo de oso es envolvente, tierno, cargado de sentimientos y un poco largo.

Mi amigo me besó en la frente - que por cierto, me parece de los besos más hermosos que puede darse entre amigos-  pasó su brazo por mi hombro y caminamos uno al lado del otro. Sentí las miradas y descubrí entre el público a una persona conocida que me sonrió con malicia. Saludé y pensé: “Ya se está imaginando lo que no debe”.  En fin, creo que es tema trillado eso de que es difícil que el común de la gente vea a un hombre y una mujer y no se imagine toda una película de romance y otras cosas.

Soy muy expresiva con mis amigas y amigos.  Crecí en una familia en la que las manifestaciones de cariño son importantes: Besos, abrazos, pechiches, detalles.  De niña recuerdo que nunca me importó que mi papá llegara sudado de la finca y me besara y abrazara.  Tampoco me importaba, en la adolescencia, que mi novio me besara sudado y medio sucio después de jugar fútbol o que mi mamá me abrazara con aroma a pollo mientras cocinaba.  Y que conste que desde pequeñita tengo casi una adicción por los perfumes y me encanta oler delicioso.

Siento que es importante decir te quiero y demostrarlo.  Eso alimenta el alma, recarga energías, alegra la vida, emociona, origina sonrisas y buenos pensamientos. Decir te quiero es bueno para quien lo dice y para quien lo escucha.  Decir te quiero es música para los oídos.  Decir te quiero, cuando sale de lo más profundo del corazón, es lo más gratificante para un ser humano.  
Y bueno, por supuesto, demostrarlo es mucho mejor aún.  Y eso no cuesta absolutamente nada, porque no es precisamente con obsequios que se puede hacer.  Se puede demostrar con un gesto, una caricia, una atención, una llamada, un papelito, un mensaje de texto, un apretón de manos, un abrazo.

Este post tiene un solo propósito: Invitarlos a decir te quiero, a abrazar con amor, a ser más expresivos de lo que acostumbran, a valorar a los amigos – a los de verdad -, a hacer la diferencia en una relación de amistad, a olvidarse de los prejuicios, a ser honestos… y a reconocer que la amistad es un regalo que viene envuelto, con moño y tarjetica permanente… si así lo queremos.


Conocidos tenemos muchos a lo largo de la vida.  Amigos, pocos. Cuidémoslos.  Seamos buenos amigos, amigos verdaderos.