lunes, 29 de diciembre de 2014

DedopinWeb, emprendimiento tecnológico para ayudar a crecer



24 y 25 años tienen Alejandra y Jaime Barrios, una administradora de empresas y un ingeniero de sistemas, hermanos, que decidieron medírsele juntos a la creación de empresa.

Crearon DedopinWeb una plataforma en la red informática virtual, que ofrece soluciones para crear, administrar y posicionar tiendas virtuales o páginas web, de acuerdo a las necesidades de cada cliente.  Fue elegido como uno de los emprendimientos tecnológicos de la Región Caribe, que recibe apoyo del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de Colombia.

Muchos podrían decir “pero eso lo hace mucha gente”.  Pues sí, pero estos chicos tienen como público objetivo a nuevos emprendedores, negocios pequeños, inexpertos en el mundo virtual.  Además de ayudar a construir el “sitio”, ofrecen capacitación para que no les echen cuento a los propietarios, sobre el mantenimiento de las páginas web y de las tiendas virtuales.

Con frecuencia escuchamos la frase: “Si no estás en la red, no existes”. Para el caso de perfiles personales, no lo siento así, pero si de negocios se trata, no podemos dudar que quien no aparezca fácilmente en la web puede perder clientes. Un ejemplo fácil es el de los restaurantes y creo que a muchos nos ha pasado que queremos reunir a varios amigos, sabemos de un lugar de moda, pero no tenemos certeza del menú y de la dirección.  Lo primero que uno hace es buscar el celular y digitar el nombre del lugar.  Si no aparece rápido, cambiamos facilito de punto de encuentro. Con DedopinWeb se facilita hacer presencia en el mundo virtual.

Estos jóvenes utilizan el sistema Drag and Drop que permite arrastrar y soltar la información sin mayores complicaciones, para hacer más amigable el manejo de las páginas web y ayudar a las empresas a comercializar sus productos en internet.

Si alguien decide tener su “lugar” en la web, puede explorar inicialmente con un plan gratis por 6 meses, que ayuda a posicionar la marca. Le entregan la página prediseñada y el dominio es de DedopinWeb, pero después, además de contar con capacitación, el cliente podrá obtener el dominio de su página. 

Son increíbles los beneficios de estar en la red, ofrecer los productos y vender virtualmente. Como en Colombia mucha gente aún siente temor de hacer pagos online con el “dinero plástico” ya se hicieron convenios para pagar a través de algunas empresas serias y reconocidas y la entrega de los productos también está garantizada con empresas de correo certificado.



Alejandra y Jaime saben que los inicios no son fáciles, ellos mismos lo están viviendo como emprendedores y por eso su público objetivo inicial, son los pequeños y nuevos negocios. Sin embargo, no dejan de pensar en grande y la mejor muestra es el convenio que ya firmaron con la Cámara de Comercio de Barranquilla y Laboratorios Bioline.


Les deseo éxitos y para quienes estén interesados, pueden hacer click en http://dedopinweb.com/ y podrán explorar todas las opciones disponibles, con solo usar un dedo!

domingo, 28 de diciembre de 2014

"My year in review"? Vayan a peiná...


Pocas veces le sigo la corriente a la creación de videos con fotografías en las redes sociales o a mostrar lo “destacado”, cuando son promovidos por los administradores o propietarios de esas redes.

No critico a quienes lo hacen, pero no me gusta que “me presionen”.  Qué “jartera” por estos días, tener que aguantar la insistencia de Facebook para que publique lo que, según ellos, es lo mejor que me ha ocurrido este año.

Ya tuvieron que pedir disculpas por haber publicado en el perfil de un usuario: “Este fue un año excelente, gracias por haber formado parte de él”, la foto de su pequeña hija, quien murió este año.

Como decimos en la Región Caribe: Qué embarrada... y gigantesca!

Lo que ellos no saben, ni les importa, es que lo mejor que me ocurrió este año, no fue publicado en su red.  Mis mejores momentos no fueron capturados por ninguna cámara fotográfica o videograbadora. Mis mejores momentos están grabados en mi corazón y en mi mente. Mis mejores momentos fueron compartidos con mi gente real, no la "virtual" (Claro, que tengo amigos reales con quienes me reúno en el mundo virtual).  Mis mejores momentos, los más importantes, no son publicables.  Así de sencillo.


¡Vayan a peiná a la morrocoya!

jueves, 11 de diciembre de 2014

"Sin agüero y boquio"

La primera vez que escuché esa frase no sabía qué significaba, pero no me imaginé nada malo, porque la decían mis hermanos.

Me contó Rafa, mi hermano, que una vez venían de regreso del Barrio San José y unos chicos jugaban fútbol, cuando escucharon que uno le dijo al que tenía el balón: “Dale con toda, sin agüero y boquio”.  De una adoptaron la frase en nuestro barrio, La Unión, y se popularizó para alentar a alguien a que hiciera algo con fuerza y sin dudarlo: Patear bola e´trapo o pelear por ejemplo.

Cesar "Paragüita" Morales, firmando sus libros.

Estos recuerdos llegaron a mi mente después de escuchar en la propia voz de Cesar “Paragüita” Morales, relatos de su libro “Crónicas del Barrio Abajo”.

La presentación del libro fue emotiva.  Paragüita no pudo contener las lágrimas al iniciar la lectura de uno de sus relatos y dijo: “Espero tener el valor para leerlo”. Lo tuvo. Y de vez en cuando sollozó.

En un momento se pensó que la siguiente lectura podría hacerla otra persona del público, pero Paragüita dijo muy seguro: “No, no, yo sigo”. Y qué bueno que lo hizo.  Ninguno de los presentes podría leer con su sabrosura, dos relatos como estos:

“Para los años 70, el Mono Parra y Joaco, hermanos de Iveth Rolong, iniciaron unas verbenas con el nombre de Watergate, que era la palabra mundialmente de moda por el  mierdero que tenía Richard Nixon allá arriba”…

“Hay que ver la tacada de bollitos que me zafaban por burriquete. Pero ajá, cómo hacía para convencerlas de que yo era un man sano. Y zafar a mis amigos de infancia no era fácil. Ni yo quería zafarlos.  Los aceptaba tal como eran. ¡Nojoda! Y yo sí que me divertía con ellos cuando estaban bartolos, inventaban los más raros pases de baile y su hablao era todo un espectáculo”.

Los barranquilleros sabemos quién es Paragüita, pero para quienes es primera vez que escuchan su nombre, les cuento brevemente: Su nombre es Cesar Morales, nació en el popular Barrio Abajo de Barranquilla, donde queda la Casa del Carnaval. Es el “comandante” de la comparsa Las Marimondas del Barrio Abajo, una de las más famosas del Carnaval de Barranquilla.

Es conocido como Paragüita porque hace muchos años, expresado por él mismo, “una hijuemadre loca le zampó tremendo paragüazo” que lo bautizó de por vida.

El lenguaje del libro es totalmente barranquillero, con ese swing que caracteriza las historias de barrios populares, muy gracioso y como decimos popularmente, sin agüero.  

Estoy leyendo el relato “Ruqui rucana cantaba la rana” y ya terminé “Los Carnavales, ¡Qué nota bacana!”. Encontrarán anécdotas de gente reconocida en Barranquilla y se divertirán muchísimo.

Felicitaciones a Paragüita y muy bien por Collage Editores que se le midió a la publicación de las Crónicas del Barrio Abajo.

"Crónicas del Barrio Abajo". Pueden comprarlo en la librería Panamericana.

martes, 9 de diciembre de 2014

Se apagó una velaaaaaaa!

Faroles en la terraza de la casa
Se apagó una velaaaaaa!

Y por lo menos yo, corría a encenderla nuevamente.

Eso ocurría muchísimas veces en la madrugada de cada 8 de diciembre en la puerta de mi casa. Mi papá se sentía orgulloso del caserón que construyó para la familia y se “jactaba” de la iluminación de ese día: Eran casi cien faroles, ubicados en la terraza, los bordillos del jardín, el plafón y hasta colocábamos uno en el postecito que señala la dirección de la cuadra.

Los faroles de entonces eran mucho más grandes que los que vemos ahora, fabricados con madera y papel celofán de colores vivos. Una caja de “Velas Santa Marta” y suficientes fósforos “El Diablo”, estaban listos desde la noche anterior, en la sala de la casa, para iniciar la bonita tradición de cada Día de la Inmaculada de Concepción.

Recuerdo que todos participábamos activamente, porque era la única manera de mantener iluminada la casa, pues la brisa apagaba muchas velas y había que encenderlas rápidamente. Eran algo así como veinte faroles por cada uno de nosotros (mis cuatro hermanos y yo).

Cuando se acercaban las 5:00 am y luego de rezar el rosario, mi mamá anunciaba que nos preparáramos para desayunar, en la terraza de la casa. Empanadas de carne, queso, café, jugo de naranja, hacían su aparición y por un buen rato, no había quien vigilara los faroles. Algunos se empezaban a quemar porque la brisa los movía y la vela se pegaba al celofán.  Ya a esa hora, y en medio del desayuno, sabíamos que algunos faroles no sobrevivirían esa madrugada.

La salida del sol se acercaba y yo corría a la mitad de la calle a ver la Sierra Nevada de Santa Marta, que se divisaba a lo lejos, como una hermosa aparición.  En ese momento, espátula en mano, también iniciábamos la limpieza de los restos de vela en terraza y bordillos.  Mi mamá vigilaba que esa tarea no quedara inconclusa.

Qué hermosos recuerdos.

Por ellos, pero más en honor a mi padre y mi madre, cada 8 de diciembre que viví en New York, encendí una vela dentro de un farol (aunque no es tradición en Estados Unidos). Al regresar a Colombia seguí con esa tradición y este año fue realmente especial: Me costó muchísimo trabajo levantarme en la madrugada (estaba cansada y con un pequeño malestar de salud). Oré y le pedí a la Virgen que me diera fuerza para levantarme. La brisa me jugó una mala pasada y tardé más de la normal en encender las velas. Por fin lo logré.


Cuarenta años después de aquellos recuerdos, el amor por mis padres sigue siendo el aliciente para continuar la tradición, que nos encanta, pero algunas cosas han cambiado: Son menos faroles y velas y cuando una se apaga… ninguno corre a encenderla. 

Los faroles de hoy

sábado, 6 de diciembre de 2014

Pólvora: ¡No la compre!

Foto tomada del portal www.barranquilla.gov.co

"Mira niño, esos no son jueeeeegos".

Así decían las abuelas cuando uno estaba haciendo algo que podía ser un riesgo para nuestra integridad.  Y es lo que podríamos decirle a quienes, a pesar de las muertes y daños dejados por el uso de la pólvora, siguen comprándola, vendiéndola o fabricándola.

“La pólvora es un juego que quema”, “No quemes tu felicidad ni la de tus hijos”, “Prevenir es mejor que curar”, “Si quieres estallar en Navidad, estalla en amor y alegría”. Ya ni sé cuántas frases bien redactadas he leído y escuchado dentro de las campañas para prevenir accidentes con pólvora.

Hace más de 20 años, apoyé el proyecto sobre Uso Preventivo de la Pólvora, liderado en Barranquilla por el médico Rafael Ortíz Ariza. Se trabajó con pocos recursos y se mantuvo vivo por muchos años.  Recuerdo que hasta se logró que la entonces Representante a la Cámara, Yaneth Suárez, presentara el proyecto ante la Cámara de Representantes.  Solo empezó a discutirse en una Comisión y nunca llegó a Plenaria.  Cuentan las “malas lenguas” que los fabricantes de unas famosas velitas de bengala, se pasearon los corredores de la Cámara con unos extraños maletines y luego el proyecto terminó engavetado.

Increíble verdad? Increíble que pueda existir algo más importante que la protección de la gente.

Increíble que no haya un solo gobernante o político con suficientes pantalones para tratar con mano dura a quienes matan  a otros.  Porque eso es lo que finalmente ocurre cuando alguien, sin importar las consecuencias, decide que la fabricación y venta de pólvora es el negocio del año.

En esa época en la que estuve de cerca a la campaña para evitar accidentes con pólvora, recuerdo tanto el caso de una niña a quien le estalló un tote en la mano. No estoy segura de la edad, pero tendría como cinco años. Fui hasta su casa para buscar el testimonio de la familia, pero me puse a conversar con la pequeña. Le pregunté qué le había pasado. Se me arruga el corazón cuando recuerdo su respuesta: “Me explotó un “tiro”, pero cuando me salgan los dedos no voy a jugar más”.


Los niños no conocen el peligro, los adolescentes sí y lo retan y a los adultos (que fabrican, venden y usan pólvora) no les importa el peligro.

Hoy me “reí” al escuchar en radio que la Policía de Barranquilla informaba, al parecer con orgullo, que había decomisado más de cinco mil unidades de productos como velas de bengala, traqui traquis, volcanes… Yo no sé a ellos, pero a mí me parece un “reporte” ridículo. El decomiso fue a un vendedor del mercado público.  ¿Y eso es noticia? Noticia es cuando cierren las fábricas, decomisen los equipos con los que producen la pólvora, sancionen a los propietarios y todo el que haga uso indebido de la pólvora, sea puesto tras una reja.

La pólvora puede ser usada para espectáculos pirotécnicos, pero por profesionales, que toman todas las medidas necesarias para evitar accidentes.

Ya está bueno del cuento ese de que “fiesta patronal sin pólvora no es fiesta”.
Sí, ya sabemos que las tradiciones son lo más difícil de cambiar, pero carajo será que es muy difícil entender que tu hijo, hermano, sobrina, prima, hermana, amiga, vecina o tú mismo, puedes perder la vida por usar pólvora?

Y ya está bueno de justificar el círculo vicioso: "Si la compran la producen y la producen porque la compran". No hay autoridad, abundan los "cuadres" por debajo de la mesa, reina la imprudencia, no hay respeto por la vida y el deseo de buenas ganancias es lo único que importa.

¿Quiere hacer algo real para que no siga estallando pólvora? Pues, no la compre!